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En una sociedad global empobrecida y azotada por todas las formas imaginables de corrupción y delincuencia, es lógico que nos preguntemos si es posible que los órganos humanos sean objeto de actividades económicas ilícitas. ¿Qué diferencia hay entre tráfico y comercio? ¿Cómo afecta a la actividad solidaria de la donación de órganos para el trasplante? ¿Existe o no el tráfico de órganos?
¿Cómo no hacernos esta pregunta? Nos repele el sólo hecho de pensar en una actividad económica/ilegal que tenga como objeto el cuerpo del ser humano. Sobre todo cuando está sometido a circunstancias de enfermedad y sufrimiento. Nos causan pavor las historias de secuestros y asesinatos de personas, adultos y niños, y los rumores sobre el supuesto objetivo de los captores: sustraerles sus órganos para venderlos en un mercado negro. En un mundo que ha tenido que sufrir los más variados –y horrorosos- ataques contra la dignidad humana... nuestra conciencia se encuentra inclinada a pensar lo peor. Por eso creemos que no hay que eludir estos cuestionamientos y miedos, ya que inquietan a la población y ponen serias trabas a una actividad solidaria y legalmente protegida y alentada como es la donación altruista, solidaria, con el fin de salvar vidas y aliviar el sufrimiento de otros. |
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